ATECA

Justo donde confluyen en el Jalón los ríos Manubles y Piedra, Ateca se asienta en un cerro defensivo que vigila las fértiles tierras que le han dado vida desde antiguo.

datos prácticos

 

Ayuntamiento: Plaza de España, 5

Tel: 976 842 005

Email: administración@aytoateca.es

Web: www.aytoateca.es

Gentilicio: atecano/a

Fiestas: San Blas. fiestas patronales (3 de febrero). Virgen de la Peana. fiestas patronales (8 de septiembre). Romería de la Ascensión del Señor. Romería de San Gregorio (principio de mayo). San Lorenzo (principio de agosto).

Distancia a la capital

Altitud

ATECA

El nombre de Ateca se remonta al árabe Atiqa (antigua). No se ha podido acreditar la correspondencia con la población Attacum citada por Ptolomeo. Sus orígenes se remontan a 250 a.C., cuando era población celtíbera conocida como Alce. En su término municipal se han hallado diversos vestigios arqueológicos, cuya cronología abarca desde el neolítico hasta la Edad Media.

La villa guarda la huella de todas las culturas que se han asentado en su solar a lo largo de la Historia. Pero su estampa característica es la de una ciudad musulmana, con el recinto defensivo situado en la parte más alta del espolón rocoso que centra su urbanismo, y la red de callejuelas que serpentean formando el casco antiguo. También conserva restos de la muralla medieval, en concreto tres de las cuatro puertas que le daban acceso. Presiden el conjunto las torres mudéjares de Santa María y del Reloj, aportando su característico aspecto. Hay más edificios destacables en Ateca, que se descubrirán si se pasea despacio por su casco urbano, lo que recomendamos vivamente porque conserva todo su sabor. Encontraremos así la casa de los Cejador (en la calle Areal Alto), renacentista; la plaza de toros, octogonal, datada en 1860, por lo que es una de las más antiguas de Aragón; la iglesia de San Martín, inicialmente llamada de San Francisco, que es el resto más visible de un antiguo convento franciscano que tuvo la población (en tiempos alojó la cárcel) y que conserva un interesante retablo del siglo XVII, dedicado a la Porciúncula; un antiguo mesón del siglo XVIII; el llamado Hospital de Jesús, hoy residencia geriátrica; y varias ermitas de estilo popular, como las de San Blas, San Roque, la Ascensión, Santiago o San Lorenzo.

En la segunda mitad del siglo XIX Ateca alcanzó su máximo desarrollo industrial, gracias a la mejora de las comunicaciones. Hoy por hoy, la principal actividad industrial es la elaboración de chocolate. Existen dos fábricas: Chocolates Valor, antigua Chocolates Hueso, y Chocolates Atienza, empresa familiar de menor tamaño. Además, en el municipio hay una industria de la madera: una fábrica de muebles. La agricultura sigue desempeñando un papel importante, ya que la vega del Jalón es una de las principales zonas frutícolas de la península. Hay que destacar la producción de manzanas, cerezas de excelente calidad y almendras, además de uva. Bodegas Ateca elabora vinos dentro de la D.O. Calatayud, fundamentalmente obtenidos de la variedad garnacha propia de la zona.

Torre de Santa maría

La torre de Santa María es muy singular y bella, está catalogada como una de las obras mudéjares más antiguas de Aragón (siglo XIII); sin embargo, hay especialistas que defienden que su cuerpo bajo es el alminar de la mezquita que aquí hubo y que en el siglo XIV sería sustituida por la iglesia.

Fue construida para ser vista por sus cuatro lados, eso está claro, pues los cuatro llevan decoración (una decoración muy especial, con cenefas de ladrillo resaltado formando motivos variados, algunos de origen antiquísimo, y piezas de cerámica vidriada en verde y amarillo).

Su planta también es especial, pues tiene forma trapezoidal irregular, aunque el terreno no la condiciona y podría haber sido perfectamente cuadrangular; y es singular asimismo la escalera interior, algunos de cuyos tramos presentan sistemas de cubierta únicos en España. El cuerpo superior de la torre es barroco, del siglo XVII.

Iglesia de Santa maría

Al igual que su torre, la iglesia destaca también por su decoración mudéjar, tanto en el exterior del ábside poligonal, datado en el  siglo XIV, que corresponde a la primitiva factura del templo gótico, como en el interior. Consta de una sola nave cubierta de bóveda de crucería simple con capillas entre los contrafuertes. En la primera mitad del siglo XVI se decidió ampliar la iglesia levantando un nuevo tramo en los pies de la nave, cubierto con bóveda de crucería estrellada, donde se ubicó el coro. 

A la nave central se abren diversas capillas que albergan retablos datados entre los siglos XVI al XVIII, algunos de ellos fruto del mecenazgo de familias ilustres de la localidad, como es el caso del retablo de la Anunciación, ubicado en la capilla de los Ciria. Junto a ella se encuentra la Capilla de la Soledad, en la que en Semana Santa se ubica el espectacular monumento, un bello ejemplo de la llamada “arquitectura efímera” datable a finales del siglo XVII.

La espectacular portada de la Capilla de Virgen de la Peana nos conduce a un fastuoso interior barroco, parcialmente oculto por un baldaquino realizado a principios del siglo XX que sirve de camarín de la imagen de la Virgen, una delicada talla del siglo XVI. En los laterales, dos lienzos con escenas de la procesión de la Virgen del siglo XVIII. 

El retablo mayor está realizado a mediados del siglo XVII y se dedica a la Virgen. Un bello y armónico conjunto de talla y pintura realizado entre los años 1652 y 1661. La delicada ejecución de este retablo se pone de manifiesto en la policromía y estofado de sus tallas, algunas de las cuales poseen incrustaciones de cristal, algo inusual en nuestra comarca. Como frontal de altar, un magnífico paño de terciopelo garchofado en oro y bordado de imaginería, datado en el siglo XVI, que forma parte del suntuoso terno de San Blas.

Presidiendo el Coro encontramos un Cristo crucificado, magistral imagen datable a finales del siglo XIII. En un lateral del Coro se ubica el órgano, una magnifica pieza realizada en el año 1798, acorde estilístacamente con los gustos decorativos empleados durante el reinado de Carlos IV.

La Sacristía alberga una serie de vitrinas en las que se muestran piezas de orfebrería y útiles de culto de diversas épocas y estilos. Destacan varias custodias, relicarios, cruces de sobremesa y el magnífico terno de San Blas.

Restos del recinto fortificado

Muy próximo a la iglesia, en el mismo espolón que domina la población desde lo alto, se encuentra el antiguo castillo, hoy rehabilitado como hospedería. De probable origen musulmán (siglo X) y de grandes dimensiones, lo que hoy se conserva es seguramente del siglo XIX.

Fue uno de los más importantes de la zona en época medieval, pues controlaba el paso hacia la vecina Castilla; conquistado por el Cid en el año 1081, es citado en el famoso Cantar. Pasó definitivamente a manos cristianas ya en el siglo XII, cuando la villa quedó incluida en la Comunidad de aldeas de Calatayud. Este castillo desempeñó un importante papel en la Guerra de los Dos Pedros, a mediados del siglo XIV, y llegó a ser ocupado por las tropas castellanas. También es nombrado en el Quijote de Avellaneda, obra publicada en 1614. La parte más llamativa es la puerta, enmarcada por alfiz y que conserva sobre ella el matacán que la protegía.

En uno de sus extremos, ya sobre la callejuela que baja hacia el casco urbano, se alza la Torre del Reloj, hoy muy restaurada. Su basamento, directamente sobre la roca, es seguramente musulmán, de la misma época que el castillo; el cuerpo bajo, hoy forrado de yeso, es posterior, aunque también medieval; mientras que el cuerpo superior, de ladrillo, data del siglo XVI. En este cuerpo superior, con dos pisos de arcos de medio punto, se ubica el reloj (moderno) y el cuerpo de campanas, ya en el remate.

De la antigua villa fortificada se conservan aún casi todas sus puertas, aunque algunas estén muy transformadas: la Puerta de Ariza, el Arco de San Miguel y la Puerta de la Plaza.

Ateca y el Cid

Alcocer ha sido, durante siglos, uno de los enclaves mencionados en el Cantar del Mio Cid que más controversias ha suscitado como consecuencia de la imposibilidad de encontrar un espacio asociado a dicho topónimo. Los hallazgos arqueológicos descubiertos en sucesivas campañas de excavación han terminado por confirmar lo relatado en los propios versos del Poema en los que, tras pasar por Ariza, Cetina, Bubierca y Ateca, el Cid plantó su campamento en un otero “redondo, fuerte y grande”, en el lugar conocido como Torrecid, frente a la actual Mora Encantada, donde se han hallado los vestigios del enigmático lugar de Alcocer.

El paraje de La Mora Encantada se halla situado en la margen izquierda del río Jalón, muy cerca de la antigua carretera Nacional II, entre Ateca y Terrer, donde lo ubica el propio Cantar. El yacimiento arqueológico, al que denominaremos Alcocer, pues así se le conoció, ocupa la cima de un pequeño cerro de 632 metros de altitud que domina la vega del río Jalón, siendo fácilmente identificable por el prominen-te farallón arcilloso que lo remata. El enclave se vio afectado por aterraza-mientos previos a la repoblación forestal llevada a cabo entre los años 50 y 60 del siglo XX.

Frente a Alcocer, en la margen opuesta del río Jalón y a apenas 1600 metros de distancia en línea recta, se localiza el cerro donde se encuentra el yacimien-to de Torrecid, también relacionado con el guerrero de Vivar.